Federico García Godoy y su contribución al pensamiento filosófico dominicano
Federico García Godoy and his
contribution to Dominican philosophical thought
Minaya Santos, Julio
Universidad Autónoma de Santo Domingo, República
Dominicana
https://orcid.org/0000-0001-8915-6308
Recibido: 2025/11/01
- Publicado: 2025/11/17
CÓMO CITAR:
Minaya,
J. (2025). Federico García Godoy y su contribución al pensamiento filosófico
dominicano. La Barca de Teseo, 3(1), pp. 1-20. https://labarcadeteseo.org/index.php/revista/article/view/127
RESUMEN
El artículo analiza las aportaciones filosóficas
realizadas por Federico García Godoy entre finales de siglo XIX y primer cuarto
del XX. García Godoy se destaca como receptor en el país del pensamiento
filosófico de Bergson, de William James y otras figuras filosóficas. Su postura
flexible y búsqueda constante, hizo posible construir una visión filosófica de
carácter ecléctico que, junto a su liberalismo republicano y su postura
positivista independiente, le permitió conceptualizar teóricamente gran parte de
los problemas y aspiraciones de la sociedad dominicana de su tiempo. En
especial, su postura frente a la ocupación estadounidense del país, acción que
condenó resueltamente en El derrumbe, obra censurada e incinerada por
las fuerzas interventoras. Se han realizado estudios del autor enfocado como
novelista y crítico literario, pero es preciso abordarlo como pensador que hizo
aportes significativos al discurso filosófico. García Godoy se revela como el
intelectual crítico que defendió la dignidad del país, muy a pesar de su visión
negativa del pueblo dominicano, pues vio en su hibridismo étnico cultural la
causa fundamental de su atraso inveterado.
PALABRAS CLAVE
Federico
García Godoy, positivismo independiente, bergsonismo, pragmatismo, intelectual
crítico
ABSTRACT
The article
examines the philosophical contributions made by Federico García Godoy between
the late nineteenth century and the first quarter of the twentieth. García
Godoy stands out as a major Dominican interlocutor of the philosophical thought
of Bergson, William James, and other influential figures. His flexible stance
and persistent intellectual inquiry enabled him to construct an eclectic
philosophical outlook which, together with his republican liberalism and his
independent form of positivism, allowed him to theorize a considerable part of
the problems and aspirations of Dominican society in his time. Notably, he took
a firm position against the U.S. occupation of the country—an action he
forcefully condemned in El derrumbe, a work censored and burned by the
occupying forces. Although existing studies have focused primarily on García
Godoy as a novelist and literary critic, it is necessary to approach him as a
thinker who made significant contributions to philosophical discourse. He
emerges as a critical intellectual who defended the dignity of the nation,
despite his negative assessment of the Dominican people, in whose ethnic and
cultural hybridity he perceived the fundamental cause of their longstanding
social stagnation.
KEYWORDS
Federico
García Godoy, independent positivism, bergsonism, pragmatism, critical
intellectual
introducción
Hace casi dos años que la Universidad Autónoma de Santo Domingo, a través de la Escuela de Filosofía conmemoró el centenario de la muerte de Federico García Godoy, acaecida el 12 de febrero de 1994. Ese mismo año los estadounidenses iniciaron el proceso de evacuación de las tropas ocupantes del país. Con la realización del importante evento, la academia estatal rindió un merecido homenaje a uno de los principales exponentes de la cultura y el pensamiento dominicanos durante los últimos lustros del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX.
El presente escrito procura exponer las principales contribuciones del intelectual vegano a la reflexión filosófica. Para llenar este cometido se analizarán algunas obras, ensayos, artículos y cartas escritos por el autor, así como la pesquisa de algunos estudios llevados a cabo por investigadores interesados en examinar algunas de sus aportaciones en el campo filosófico. Algunos de los títulos principales son: El bergsonismo, Horas de estudios (1910), La religión de la humanidad (1910), La hora que pasa (1910), Páginas efímeras (1912), De aquí y de allá (1916), El derrumbe (1916). Entre los que han desarrollado indagaciones importantes sobre la vida y el pensamiento del pensador, figuran Armando Cordero, Miguel Pimentel, Lusitania Martínez y Carlos Rojas Osorio.
Son escasos los estudiosos de Federico García Godoy que le confieren per se el calificativo de filósofo. Los mayores créditos se asignan a su labor como novelista y crítico literario. El segundo lugar lo ocupan sus escritos como pensador o ensayista, donde hace galas no solo de un conocimiento excepcional de la lengua española, sino también de una vasta erudición, unida a la irrefrenable afición por ejercitar la libertad de pensamiento. Sin dejar de mencionar sus facetas como educador y periodista, que le permitieron granjearse un notable ascendiente sobre sus coterráneos y contemporáneos.
Federico García Godoy nació en Santiago de Cuba el 25 de diciembre de 1857 y fallece en la ciudad de La Vega el 12 de febrero de 1924. Había llegado al país a la edad de diez años. Su familia huyó de Cuba a raíz de la guerra de independencia, radicándose primeramente en Puerto Plata. Esto sucedió también con muchos otros inmigrantes cubanos y puertorriqueños. Tuvo la fortuna de ingresar al Colegio San Luis Gonzaga, dirigido a la sazón por el presbítero Francisco Xavier Billini, donde estudió la carrera de Lenguas Modernas. Esto le permitió abrevar directamente en las fuentes básicas de la literatura occidental.
CONTEXTO HISTÓRICO-SOCIAL Y GEOPOLÍTICO DE LA VIDA INTELECTUAL DE FEDERICO GARCÍA GODOY
Federico García Godoy ocupa uno de los primeros lugares entre las personalidades dominicanas de mayor prestancia y estatura moral entre finales de siglo XIX y primer cuarto del siglo XX. Luego de Pedro Henríquez Ureña es, sin lugar a duda, el escritor dominicano de mayor proyección internacional en América Latina para el intervalo. Los constantes intercambios epistolares que sostuvo con José Enrique Rodó, Francisco García Calderón, Horacio Blanco Fombona, Manuel Ugarte y Pedro Henríquez Ureña (quien residió mayormente en el exterior), así lo confirman. En la primera década del siglo XX, la figura intelectual predominante en la región (Beorlegui, 2010, p. 398) fue Enrique José Rodó, pero no tanto en el terreno estricto de la filosofía, sino en el del pensamiento en general, con su libro Ariel (Beorlegui, 2010, p. 398). Hubo (Dussel, 2011, p. 265) una reacción antipositivista bajo la influencia del vitalismo impulsado por Bergson y otras orientaciones filosóficas coetáneas.
Dentro de los autores contemporáneos que más elogios prodigaron a su producción teórica figuran, precisamente, Henríquez Ureña y Rodó. Los tres pensadores sintonizaron en sus ideales básicos por una Latinoamérica más unida y fortalecida, frente a las fuerzas imperiales del momento, en especial Estados Unidos. Cuando Juan Bosch refiere los inicios de su vocación como escritor, menciona a su compueblano Federico García Godoy[1]. Pero en lo que atañe a nuestro autor, se vio condicionado y obligado a ser creativo y combativo por las circunstancias políticas, sociales y económicas de inestabilidad que caracterizaron a la República Dominicana desde 1899 hasta 1924. Deuda externa acumulada, grave crisis política caracterizada por golpes de estado y guerras desatadas por caudillos regionales, Primera Guerra Mundial y ocupación de Estados Unidos en 1916. En medio de las luchas entre caudillos rivales, defendió su apego a los principios liberales: “Por mi impenitente liberalismo he sido varias veces recluido en un calabozo y más de una vez extorsionado” (García Godoy, 2010, p. 64).
En los albores del siglo XX el pensador fue testigo y partícipe de la emergencia de nuevas orientaciones filosóficas en Occidente que obligaron a revisar de modo crítico la visión del mundo y del ser humano heredada de propuestas filosóficas decimonónicas que, con el transcurrir del tiempo fueron quedando desfasados e incapaces de dar respuestas a nuevos problemas y aspiraciones que trajo aparejado el Siglo XX. La filosofía caribeña de las primeras décadas del siglo XX (Rojas Osorio, 2011, p. 479), “se caracteriza por el esfuerzo de superación del positivismo, que había estado presente en las décadas finales del siglo XIX”. Podría ubicarse a García Godoy en la generación de 1900, junto a Enrique José Rodó, Carlos Vaz Ferreira, Alejandro Déustua, entre otros. Se trata del grupo generacional que se enfrentaba a un positivismo que estaba ya en su fase final de dominio y esplendor, y para tal enfrentamiento se apoyaban en las figuras más sobresalientes que en Europa atacaban y se oponían al positivismo: Bergson, Croce, Nietzsche, los neokantianos, Simmel (Beorlegui, 2010, p. 352).
Para la época, caracterizada por la irrupción inicial global de los Estados Unidos como imperio, la soberanía del país se exponía a un grave peligro. Estas circunstancias de corte geopolítico matizaron y despertaron las sensibilidades que anidaban en la vida interior de Federico García Godoy, para quien la soberanía del país ocupaba un sitial muy alto dentro de su escala ético-axiológica. De ahí deriva su novelística, de corte histórico (El Rufinito, Alma dominicana y Guanuma), con el propósito fundamental de colaborar con la elevación del ethos libertario nacional en momentos cruciales de su vida. Esto se torna también patente en su ensayística, específicamente en El derrumbe, libro que, como se verá, fue incautado y quemado por las fuerzas interventoras. Sufrió, personalmente, los rigores de la censura y la humillación de una implacable inquisición política. Así mismo, pagó un alto precio por el derecho a expresar sus ideas, tanto a través de la oralidad como de la escritura. Dirá en 1916, el año de la ocupación de Estados Unidos (García Godoy, 1910, p. 64): “No he escrito una sola página, no he publicado un libro o un folleto, no he pronunciado un discurso o una conferencia, que no haya sido pensando en el bien del país”.
Desde el punto de vista filosófico, García Godoy fue un positivista con posiciones flexibles suficientes como para formular importantes objeciones a Comte, como su crítica a la religión de la humanidad formulada por el filósofo francés. Así pues, tuvo suficiente independencia de criterio como para abrirse a otras corrientes del pensamiento, a veces descartándolas, y en otras asumiendo parcialmente algunos de sus filosofemas.
Un importante aspecto de su vida intelectual fue el conocimiento de varios idiomas, habilidad que le facilitó abrevar de modo directo en lo más granado del filosofar occidental. Como lector e intelectual fue exigente con los demás como consigo mismo. Sus juicios, ponderados y debidamente argumentados, nos permiten conocer análisis rigurosos acerca de filósofos que, en su época, hicieron escuelas, tales como Henri Bergson, William James, John Stuart Mill, Comte, Spencer, Nietzsche, Marx, entre otros. En lo que respecta a sus trabajos principales de índole filosófico pueden citarse El bergsonismo, Horas de estudio y La Religión de la humanidad (Martínez, 2022, p. 49).
FEDERICO GARCÍA GODOY Y SU CONDICIÓN FILOSÓFICA
Una forma idónea de iniciar este subtítulo es presentar la valoración hecha por el propio autor acerca de sus aptitudes para el cultivo en el marco de la disciplina, tema sobre el que manifestó algunas ideas, como si tuviera el presagio de que alguien en la posteridad le objetaría tal condición. Lo hace en al menos dos escritos. Sobre este particular, es curioso que algo parecido hiciera otro autor destacado lustros anteriores. Se trata de Pedro Fco. Bonó. Ambos pensadores, a pesar de no poder realizar estudios académicos, estaban adornados de cualidades excepcionales como autodidactas y librepensadores; pero, además, convencidos del rol jugado por la filosofía en sus respectivas producciones teóricas. En el caso de García Godoy, hizo una importante aclaración:
No puede
únicamente adjudicarse el nombre de filósofos a los grandes creadores de
sistemas, a los constructores de vastos monumentos metafísicos, los Platón, los
Leibniz, los Hegel (…)
En determinado sentido, todos, casi todos los que en actitud reverente ponemos nuestra alma en relación con lo infinito pidiéndole la revelación de sus formidables arcanos, somos también filósofos. ¿Por qué no? (Tomo 5, p. 364).
En un ensayo de cuarenta y ocho páginas en torno al uruguayo José Enrique Rodó, de enorme popularidad como pensador latinoamericano a inicios de siglo XX a causa de la incidencia de su libro Ariel, García Godoy exalta su perfil de filósofo, atribuyéndole la creación del arielismo. Aquí aborda nuevamente el asunto sobre quién o quiénes pueden ser denominados filósofos:
En nuestra mentalidad aún atiborrada de modos de ver y de entender anticuados, persiste la creencia de que solo merece en realidad el nombre de filósofo quien alcanza a encerrar en los límites más o menos amplios de una concepción metafísica su visión personal del mundo y de la vida. Para la mayoría solo pueden llamarse filósofos los grandes creadores de sistemas (…) Entendida de esa manera, Rodó no tiene una filosofía (…), pero sin llegar a tales sistematizaciones es y puede apellidarse filósofo cualquier espíritu que atraído por el espectáculo de la vida en todas sus manifestaciones y en todos sus más recónditos modos de producirse, quiera subjetivamente explicarse tales cosas. Por el sólo hecho de rastrear esa explicación (…), da ese espíritu a su pensamiento investigador carácter fundamentalmente filosófico (Tomo 6, pp. 386-387).
En lo que respecta a personalidades intelectuales latinoamericanas que sintieron una profunda inclinación por la racionalidad filosófica y, que, efectivamente legaron importantes reflexiones en la disciplina, conviene recurrir a la siguiente explicación de E. Dussel (2011, p. 701):
[…] podrá el
lector preguntarse sobre la diferencia entre pensadores y filósofos.
El primer término, pensadores, permite incluir a grandes personalidades
que han influido en la vida cultural, política y filosófica de nuestro
continente, sin haber recibido una formación formalmente filosófica, o sin
haber escrito obras filosóficas en un sentido restringido. Ellos pueden ser
estudiados en cuanto a sus expresiones teóricas en diversos campos que es bueno
no ignorar. El segundo término, filósofos, designa a aquellos que
recibieron una formación académica como tales y que, además, escribieron obras
en el mismo sentido.
Federico García Godoy, pues, se puede considerar como un pensador, en cuyo legado teórico se encuentran aportes filosóficos de gran valía. Él observa cómo, en los años iniciales del siglo XX, dentro de la filosofía occidental se venían registrando cambios significativos, tornándose en un saber más abierto y asequible, el cual colocaba sus reflexiones al alcance de un segmento cada vez mayor de personas que acudían a sus fuentes con la finalidad de dotar de una mayor rigurosidad teórica sus planteamientos.
En Latinoamérica el positivismo daba ya señales inconfundibles de declive en la etapa inaugural del siglo XX. Esto conllevaría que, corrientes del pensamiento como el pragmatismo, el bergsonismo, el socialismo o el vitalismo nihilista de Nietzsche, le disputaran el predominio teórico a la orientación filosófica que ya contaba varias décadas de poder hegemónico. Puede afirmarse que estas noveles escuelas de pensamiento determinaron los nuevos derroteros que seguiría el filosofar occidental en lo adelante, lo que iba a generar en García Godoy algunos cuestionamientos a la que había sido su principal fuente de orientación filosófica: el positivismo.
Con lo expuesto hasta ahora, se tiene ya un primer aporte de García Godoy a la filosófica: sus argumentos racionales sobre qué es ser filósofo, cuestión que, dicho sea de paso, no deja de ser controversial en nuestra disciplina, y guardando relación directa con la socorrida cuestión de qué es la filosofía, a lo cual dedicó algunas líneas brillantes el pensador vegano:
La filosofía
es la elevación de la inteligencia y de la sensibilidad a la contemplación
serena y aproximada de la realidad exterior o íntima en que refulge y se
expande la vida, ya sea en la forma monística de irreductible unidad de
Haeckel, ya en la forma radicalmente pluralista de W. James […] (Tomo 5, p.
364).
Pero el autor, por otra parte, nos presenta también otra vía de acceso hacia una filosofía más personal y menos ortodoxa, parecida en cierto modo a la manera en que la concibió Antonio Gramsci:
En ese sentido, todo hombre, aun el más basto, posee una filosofía o cosa parecida mediante la cual procura, hasta cierto punto, explicarse la vida a su manera y extraer de esa concepción, por lo general rudimentaria, una norma de conducta en que entran en diversas proporciones necesarios motivos fisiológicos y anímicos. Por tales circunstancias, juzgo torpe y vano empeño condenar inflexiblemente formas pronunciadas del desenvolvimiento individual y colectivo en nombre de ciertos principios impropiamente calificados de eternos. En un sentido radicalmente humano la palabra eternidad carece de verdadera significación, de contenido pragmático. (García Godoy, 2018, Tomo 5, p. 268).
Es importante consignar que son muy pocas las personas que ostentan la profesión filosófica y ponen en práctica el filosofar y, a la inversa, existen los que, aun sin tener estudios académicos en este sector de conocimiento, se han adentrado con éxitos en el fascinante mundo del discurrir filosófico, legando incluso a la posteridad importantes aportaciones. Este es el caso del pensador cibaeño[2]. En el caso de García Godoy, el hecho de esmerarse en definir la disciplina y en argumentar sobre cuál es la función de un filósofo, ya esto, por sí solo, constituye un primer aporte suyo a la disciplina.
PESQUISAS SOBRE EL LEGADO FILOSÓFICO DE GARCÍA GODOY
Varios autores se han preocupado por indagar en torno a los escritos filosóficos de García Godoy. Un ejemplo es Armando Cordero, quien dedica siete páginas a dilucidar sus planteamientos filosóficos La Filosofía en Santo Domingo (1978). Miguel Pimentel, por su parte, le dedica cinco páginas en Marxismo y positivismo (1985). En el caso de Lusitania Martínez, incluye en Filosofía Dominicana: pasado y presente dos de los principales trabajos filosóficos de García Godoy. Me refiero a El bergsonismo y a Religión de la Humanidad; en tanto que, en su última obra Historia de las ideas filosóficas y de género en la República Dominicana, analiza sus ideas filosóficas, principalmente las socialistas y marxistas. Otro autor que ha examinado los planteamientos del pensador vegano a nuestra disciplina es el colombo puertorriqueño Carlos Rojas Osorio, quien en su obra Filosofía moderna en el Caribe Hispano (1997) dedica varias páginas a ponderar sus aportes dentro del área que interesa a esta exposición.
CONTRIBUCIONES PRINCIPALES DE GARCÍA GODOY A LA FILOSOFÍA
Si se buscara determinar las áreas o grandes núcleos desde los cuales partir para examinar las aportaciones hechas por García Godoy a la disciplina filosófica, estos serían, a mi ver, los siguientes: Participación en el fomento de la reflexión filosófica de la República Dominicana en el primer cuarto del siglo XX; Estudios y reflexiones acerca de la historia y la cultura dominicanas de su época; Divulgación en el exterior de la producción literaria y filosófica de República Dominicana; Recepción y promoción en el país de importantes autores y teorías de corte filosófico producidas en Europa, Estados Unidos y varios países latinoamericanos, frente a los cuales expresa importantes observaciones críticas.
Esta última es, en mi concepto, la función más netamente filosófica desempeñada por el autor. En tal sentido, García Godoy es el primero emprender en el país la recepción de la teoría del evolucionismo creador de Bergson. El autor somete a examen el contexto cientificista en que surge el bergsonismo, caracterizado por la necesidad imperiosa de alcanzar lo que denomina “certidumbres supersensibles”. Considera que en esto reside el éxito cosechado por el filósofo francés, al llenar un vacío de carácter místico o metafísico, reclamado con vehemencia por los nuevos rumbos que transitaba el discurso filosófico en los albores del siglo XX, tras producirse el eclipse de la visión cientificista enarbolada desde hacía varias décadas por el positivismo.
García Godoy se había empleado a fondo en la lectura y profundización de las principales direcciones filosóficas de su tiempo, y no deja de expresar sus simpatías en torno a varias figuras emergentes en la renovada filosofía occidental. Advirtió que “estamos en la presencia de una nueva metafísica. No es ni puede ser otra cosa, la doctrina del autor insigne de la Evolución creadora. “Para mí sólo ha habido dos grandes metafísicos en estos últimos tiempos: Hegel y Bergson […] Bergson ha venido a demostrar la infinita fertilidad del pensamiento humano para cosas de sutiles abstracciones mentales” citado por Lusitania Martínez (2009, p. 402).
Tras caracterizar al intuicionismo bergsoniano, Armando Cordero plantea (1978, p. 125), que “Federico García Godoy no sólo fue el primer intelectual dominicano que estudió con verdadero sentido crítico la filosofía bergsoniana, sino también el primero en discutir la validez del método intuitivo que ella enfrenta al método racional”.
El pensador vegano reconoce la ausencia de dogmatismo en la orientación metafísica de Bergson, puesto que aspiraba a desenvolverse en una sucesión variable y cambiante de amplias perspectivas. Y en cuanto a la categoría de intuición trabajada por Bergson, resalta su asociación con lo cualitativo y su huida de lo cuantitativo. “Viene a ser -explica- algo así como una fuerza orgánica capaz de responder inmediata y sintéticamente a las formidables interrogantes que hace continuamente nuestro espíritu al misterio que nos cerca por todas partes” (García Godoy en: Lusitania Martinez, Antología, T. I, p. 405).
No obstante, tiene sus reservas acerca del modo bergsoniano de abordar lo intuitivo, argumentando que: “Acaso su intuición, en gran parte, no sea sino la misma inteligencia depurada de determinados hábitos mentales, sin ciertas modalidades escolásticas o de una lógica conceptual que se impone por su actuación secular en el pensamiento reflexivo” (García Godoy, Ob. cit., pp. 406-407).
GARCÍA GODOY MUESTRA GRAN SIMPATÍA POR
EL PRAGMATISMO
El pragmatismo es otra de las escuelas de pensamiento que ocupó la atención del ensayista dominicano. En un escrito que dedicó a su amigo Pedro Henríquez Ureña, insertado en su libro La hora que pasa, dedica siete páginas a examinar la para él “última y más fecunda orientación filosófica” del que considera como un “ilustre filósofo”, “insigne pensador norteamericano” y “eminente profesor de Harvard”. Se refiere a William James, primer filósofo nacido en Estados Unidos que despierta admiración y simpatía en los países de habla hispana.
La obra del autor estadounidense que suscitó mayor interés en García Godoy es Fases del sentimiento religioso, de tres tomos, que califica como “magistral obra”. Es oportuno resaltar también que Pedro Henríquez Ureña manifestó también un gran interés por el pensamiento de James, a cuyo examen dedicó un opúsculo. Se podría conjeturar que lo que motivó a ambos autores nacionales a ponderar tan positivamente la vertiente pragmática, fue el tratamiento dado por James a los problemas de cariz metafísico, místico o religioso. García Godoy lo aprecia del modo siguiente:
En su
dialéctica, vigorosa y profunda, el ideal, la doctrina, el pensamiento, tiende
siempre a plasmarse, pragmáticamente, en direcciones éticas, en reglas de
conducta que responde en un todo a la virtualidad de su contenido ideológico
[…] Así considerada, esta nueva orientación filosófica moderna deja cerrado el
ciclo de infecundas especulaciones metafísicas (“Concepto religioso
contemporáneo” (García Godoy, T. 5, pp. 241-242).
POSTURA RELIGIOSA DE GARCÍA GODOY: ENTRE EL PRAGMATISMO Y EL MATERIALISMO
Pablo Guadarrama indica que lo que lleva a García Godoy a distanciarse de la religión, incluso en su versión positivista, es su orientación filosófica materialista (2016, p. 341). Para el intelectual vegano, el sentimiento religioso persiste como problema que ocupa seriamente a los filósofos, tanto por su aspecto místico como por la enorme eficacia que desempeña como fuente de direcciones éticas y de finalidades altruistas. Considera que, para un segmento importante de la humanidad, la motivación fundamental de su comportamiento moral y para desprenderse de su egoísmo, carecería de sentido si no se recurre a la fe o creencia religiosa. Esta fe en un ser superior tiene evidentes consecuencias prácticas, expresadas en conductas solidarias y de servicio al prójimo; en otras palabras: creer en una divinidad sobrenatural está revestido de un alto valor cuando se trata de fundamentar e incentivar el sentido de justicia y de cumplimiento de los deberes ciudadanos.
Esta cuestión, que se vincula al ámbito de la moralidad práctica, asumida por el pragmatismo, provocó la admiración del pensador dominicano. En diversas ocasiones en que hace referencia a su adscripción filosófica, nuestro pensador la señala como uno de los componentes primordiales al pragmatismo. Ha de indicarse que esta doctrina tuvo su apogeo entre finales de siglo XIX e inicios del XX, y sirvió como punto de apoyo básico a pensadores que, como García Godoy y Henríquez Ureña, habían tenido militancia filosófica importante dentro de las filas del positivismo. Y es que hay entre ambas direcciones teóricas algunos puntos de convergencia. Pero en el pragmatismo existe una apertura a lo místico o a los temas de espiritualidad religiosa, que no contempla la concepción positivista.
Debe indicarse, por otra parte, que el notable filósofo y psicólogo norteamericano hace la diferenciación entre religión ritual y religión constituida, lo cual provocó especial atención de García Godoy. En síntesis: la primera (ritual) encierra un valor accidental y superficial; en tanto que la segunda, o religión constituida, es la orientación religiosa que se asume de manera íntima, personal, individual. Y ésta es la que en verdad merece tenerse en cuenta.
García Godoy extrae al final del escrito de marras una importante conclusión que advirtió en su tiempo, y la expresa en los términos siguientes:
La idea de un Dios personal va cada vez más esfumándose en el concepto de pensadores procedentes de los más diversos campos filosóficos. Asistimos a los funerales del Dios único, personal, antropomórfico, de ciertas religiones positivas. En su lugar va surgiendo una idea de la divinidad vaga, difusa, amorfa, pura creación del intelecto, de aspectos diversos, que para algunos se concreta en una especie de realidad íntima que vivifica las cosas, y para otros en un alma del mundo en que vibra y se unifica el infinito océano de la vida universal…Por nuevos caminos, parece como que se tiende a cierta forma de panteísmo (García Godoy, tomo 5, p. 242).
En su concepción religiosa, García Godoy concuerda con muchos autores adeptos del materialismo, pero con actitudes ampliamente tolerantes y respetuosas de todo tipo de creencias. Piensa que la inmensa mayoría de los creyentes se aferran a un mundo sobrenatural porque les aporta fortaleza y les ofrece resignación y consuelo para sus grandes decepciones e infortunios, por lo que aconseja dejar a esas almas que sigan creyendo ya que no podemos darle nada más consolador en cambio. El hombre colectivo no ha alcanzado aún ¡quién sabe si lo alcanzará jamás! El alto grado de racionalidad y de energía viril necesario para aceptar de lleno un orden de ideas científico del que se excluyan inexorablemente puntos de vista sobrenaturales (García Godoy, 2018, p. 189).
Inmerso dentro del ambiente intelectual de la Escuela Normal hostosiana, García Godoy conoció el laicismo y el naturalismo del filósofo y educador puertorriqueño de forma muy temprana. Algo similar ocurrió con Pedro Henríquez Ureña. Pero a diferencia de Hostos, que se refugió básicamente en el naturalismo, García Godoy se sustentó en el materialismo filosófico:
Somos muy
pocos los que, para salvar la aterradora dificultad, aceptamos como concepción
general cosmogónica, la materia (la palabra, en cierto sentido, no me satisface
del todo, pero no encuentro otra mejor para el caso) en evolución y
transformación incesantes, sin solución de continuidad, sin principio ni fin…
(García Godoy, 1918, pp. 189-190).
Tras evaluar esta y otras ideas similares externadas por García Godoy, Carlos Rojas Osorio concluye que, en realidad su posición filosófica es el materialismo (1997, p. 468).
ADHESIÓN CONDICIONADA DE GARÍA GODOY AL POSITIVISMO
Aparte del pragmatismo, otra dirección filosófica objeto de estudio por García Godoy fue el positivismo, la primera con que tuvo contacto en Puerto Plata, donde ejerció de profesor de modo prematuro. De la orientación positivista se estaba alejando ya en el ocaso de su vida, en aspectos medulares. Y es que, como expresa, obedecía a un “criterio positivista, muy ecléctico” (García Godoy, Tomo 5, 2018, p. 234). Pero, con todo y que encomiara las ideas de William James, si se hurga bien en su concepción filosófica, notaremos que el pragmatismo no es la que goza de su mayor aprecio. Ha de reiterarse que, la generalidad de los pensadores de su fase histórica manifestaba simpatías por la dirección pragmatista, la cual ya estaba muy de moda en el mundo anglosajón. Pero en lo que respecta a García Godoy, el eje central de su concepción filosófica radica en el positivismo[3]; hacia el cual, sin embargo, dirigió importantes objeciones críticas.
Se sabe que Pedro Henríquez Ureña fue de los autores latinoamericanos que la emprendieron contra el positivismo moribundo, desde México, al destacar cómo subsumía dentro de la rutina intelectual al pensamiento humano, con lo cual rezumaba al sistema escolástico que había combatido décadas atrás. García Godoy rubricó las objeciones críticas que dirigió Henríquez Ureña al ideario positivista. “Nuestro autor piensa que la crisis del positivismo es debida a la evolución de las mismas ciencias” (Rojas Osorio, 1997, p. 473).
Entre los núcleos teóricos que se pueden advertir dentro de su armazón primordialmente positivista, figuran ideas del experiencialismo de J. Stuart Mill, de la filosofía de la contingencia de Émile Boutroux y del pragmatismo de W. James. Pero sin rechazar “cierto alto y fecundo idealismo, necesario, de suprema alteza espiritual, que tiene ante sí ancho y luminoso horizonte, y que en nada se parece a ese otro nocivo idealismo poblado de puerilidades añejas, de divagaciones y atracciones quiméricas y desmesuradas” (García Godoy, tomo v, 2018, pp. 234-235).
El autor, al tiempo de acoger postulados señeros del positivismo, también hace reparos sustanciales a las ideas de Comte. Intelectualmente, habría de ser ubicado entre la franja que va desde el positivismo hasta otras formas de pensar que desbordan el primado positivista que, en Latinoamérica llevaba varias décadas con cierta hegemonía. “Sin duda el vitalismo, el marxismo, el bergsonismo y el pragmatismo están entre las nuevas corrientes de pensamiento a que se acogen los pensadores latinoamericanos” (Rojas Osorio, 1997, p. 470).
Rojas Osorio observa, además, cómo García Godoy (Ob. cit., p. 473) emite cuestionamientos críticos al positivismo, muy similares a los expuestos por Pedro Henríquez Ureña desde su estancia en México. Para inicios de siglo XX, la casi generalidad de los filósofos latinoamericanos que asumieron el ideario positivista de procedencia comtiana, lo pusieron en entredicho al no responder ya a sus aspiraciones, ni llenar los requerimientos epistemológicos de cara a los nuevos tiempos y circunstancias que debían enfrentar.
Para García Godoy la concepción positivista de Augusto Comte ya estaba enmohecida para principios de siglo XX, y solo revestía un valor simplemente histórico, no obstante reconocer su inmenso trabajo de observación y sistematización del saber científico. Vio al filósofo francés sobre todo como un reformador social que, al avanzar por esa dirección se fue haciendo cada vez más exclusivo y dogmático. Para el pensador vegano, el positivismo religioso (García Godoy, 2018, p. 184), tiende a la formación de un individuo tirado a cordel, uniforme, restringido, en que la especie absorbe por completo al individuo, en que la vida se desenvuelve monótona, sin contradicciones, sin fuertes razonamientos, cada cual entregado a una tarea cotidiana preestablecida, satisfecho de aportar su concurso a la realización de un ideal hermoso y vivificador altruismo…
García Godoy considera que el ideario religioso comtiano está al servicio del conjunto de reformas sociales y políticas de su propuesta teórica global. Opina que esta modalidad religiosa, denominada el Gran Ser o de la Humanidad: “no deja ganas de adorarla” (García Godoy, 2018, 185); “contribuye a mutilar la personalidad humana en lo que esta tiene de más dignificado y fecundo“ (Ob. Cit., p. 186; “en el positivismo religioso sólo hay deberes” (Ob. cit., p. 187); “Comte imita parcialmente al catolicismo“ (Ob. cit., p. 188)[4].
Aunque tuvo a John Stuart Mill como filósofo positivista predilecto, especialmente por sus investigaciones lógicas, el pensador dominicano exhibe también evidentes influencias de Herbert Spencer en lo que atañe a sus ideas de progreso, y en cuanto a su visión de la sociedad como un organismo viviente que evoluciona paulatinamente, constituyendo tales revoluciones un factor negativo dentro de su evolución social general.
GARCÍA GODOY DA A CONOCER EL PENSAMIENTO DOMINICANO ALLENDE LOS MARES
Esta tarea fue compartida con Pedro Henríquez Ureña, amigo con el cual tenía ideas e inquietudes intelectuales muy afines. Incluso varios de los pensadores latinoamericanos de primera línea en el periodo fueron amigos comunes, tales como el uruguayo Enrique José Rodó, el peruano Fco. García Calderón, el uruguayo Manuel Ugarte y el venezolano Horacio Blanco Fombona[5].
Además, decenas de cartas intercambiadas con otros autores de la región muestran el encumbrado prestigio que alcanzó García Godoy, quien amplió su círculo de amistad con filósofos de amplia proyección en continental. Baste mencionar los nombres de José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Laureano Vallenilla Lanz, Enrique José Varona, entre otros. Ese prestigio fue tal que, en el primer periplo emprendido por José Martí a nuestro país, lo distinguió con su visita en su casa de La Vega.
A raíz de la ocupación estadounidense de 1916, García Godoy se propuso emplear esta red de amigos en Latinoamérica para denunciar los hechos que anulaban la soberanía nacional. Se sabe que una caja con ejemplares del libro El Derrumbe, incautados y luego quemados por los interventores de 1916, ya estaba listo para su embarque al extranjero, con la finalidad de dar a conocer la nefasta situación del país intervenido.
En su libro La Hora que pasa (1910), García Godoy incluye veintiún escritos sobre temas diversos; en Páginas efímeras (1912) publica veinte textos; en De aquí y de allá (1916), treinta y un trabajos. Pero se trata solo de una parte de los escritos con que se propuso estudiar y promover la producción intelectual dominicana en el exterior y, viceversa, impulsar el análisis y conocimiento de lo producido en el exterior dentro de su propio país. En esta tarea García Godoy rivaliza con su coterráneo Pedro Henríquez Ureña, con la salvedad de que todo este trabajo de investigación y divulgación cultural e intelectual lo realizó el pensador desde un pueblo del interior, motivo por el cual sus primeros escritos fueran firmados con el seudónimo “El solitario de La Vega”.
Pero, aunque su trabajo divulgador frente al exterior debió ser muy difícil, se las arregló también para difundir sus ideas por el interior del país, visitando, aparte de ciudades del Cibao, otras ciudades más lejanas. En carta de 1913 le informa a su amigo Pedro Henríquez Ureña que había visitado la Capital y San Pedro Macorís para pronunciar sendas conferencias.
Me pidieron que hablara de Filosofía y diserté exponiendo, a grandes rasgos naturalmente, el pensamiento filosófico desde Kant hasta James y Bergson. En otra conferencia, en el teatro, hablé de ciencia, arte e historia desde el punto de vista contemporáneo. En Macorís expresé algo sobre hispanoamericanismo haciendo un paralelo de las formas y procedimientos de la colonización inglesa y de la española, etc. (García Godoy, T. 2, 2016, p. 148).
VISIÓN
DE GARCÍA GODOY SOBRE EL PUEBLO DOMINICANO
Como Hostos, quien también recibió poderosos influjos del darwinismo social spenceriano, García Godoy reclamaba la presencia de nuevos inmigrantes para dar impulso a los avances evolutivos que reclamaba el país. Al igual que el pedagogo y filósofo puertorriqueño, abrazó la ideología del progreso que tanto se propagó durante el siglo XIX en la porción americana que se originó con la colonización española. También concibió la mezcla racial de los dominicanos como factor de retroceso social, atribuyendo al componente africano de nuestro conglomerado social un rango de inferioridad comparado con el elemento caucásico o ibérico.
Nuestra procedencia parcial de África significaba para él una especie de rémora para alcanzar mayores niveles de vida civilizada. En esto guarda coincidencia con las posturas enarboladas en Argentina por Domingo Faustino Sarmiento. Por supuesto, en esta concepción debió influir no solo su visión darwinista social de cariz spenceriano, sino la estancia transcurrida en Cuba durante su niñez, lugar donde se registraban acusados rasgos de racismo y discriminación frente a personas de origen africano.
En la misma dirección, y a pesar de su alta estima por la patria dominicana y su intransigente defensa de la soberanía nacional, el intelectual abriga una visión pesimista del pueblo dominicano. En su libro El derrumbe se encuentra el subtítulo “Deficiencias del medio”, en cuyas páginas espiga una valoración esencialmente negativa de la sociedad dominicana. Así inicia su planteamiento al respecto:
En el hibridismo de nuestro origen étnico residen los gérmenes nocivos que, fructificando con el tiempo, han determinado un estado social en gran parte refractario a un desarrollo de la civilización efectiva y prolífera. De sangre indígena, de sangre quisqueyana, tenemos bien poca cosa si es que poseemos algo. Nuestra concreción étnica actual está integrada por sangre del blanco europeo de procedencia generalmente baja y maleante y del etíope salvaje y pleno de las supersticiones febricitantes y fetichistas de sus selvas africanas. De esas dos ascendencias tan distintas y desafines surgió un tipo colonial de aspectos precisos y definidos, pero poco capaz de evolucionar de manera gradual y metódica hacia formas de vida social cada vez más progresistas y perfectibles (García Godoy, 2010, p.67).
Es preciso indicar que estas ideas fueron redactadas en 1916, bajo las torturantes condiciones psicológicas que atenaceaban la vida interior del pensador, opuesto resueltamente a la invasión del coloso del Norte. Su corazón contrito fue abatido por una profunda impotencia, tras contemplar con pesar la pasividad de un pueblo que había luchado tenazmente por la defensa de su libertad en varios momentos de su pasado histórico. Debido a esta visión deplorable del talante dominicano, varios autores incluyen a García Godoy dentro del grupo de intelectuales pesimistas, entre los que se destacan Emiliano Tejera, José Ramón López, Francisco E. Moscoso Puello y Américo Lugo.
No ha de sorprender que García Godoy juzgue de escasa importancia la participación de los sectores marginados de la sociedad en el mejoramiento social, como sería el caso del campesinado pobre y el proletariado, ya que el pensador estaba muy imbuido de la noción liberal y positivista de progreso. “El progreso -sostiene- jamás ha sido la obra de las multitudes, sino la de uno o más individuos inconformes, con el estado de ignorancia o atraso del medio en que se dilata su existencia” (García Godoy, 2010, p. 94). Tal apreciación oligárquica de apreciar las bases para un mayor bienestar social guarda relación con su valoración de lo que significamos en cuanto a nuestra organización como Estado:
Más que de
pueblo (…) nuestra actuación nacional, en bastantes aspectos, se parece a la de
una tribu semibárbara que sólo tiene ante sí una visión de incesante guerrear
como medio exclusivo de satisfacer bajos apetitos de lucro y de batuta (García
Godoy, 2010, p. 86).
A su ver, sólo en una minoría culta los dominicanos hemos tenido una verdadera conciencia nacional (Ob. cit., p. 191). Así las cosas, no es de extrañar que García Godoy abrigara un concepto tan benevolente en torno a Domingo Faustino Sarmiento, con su celebrado lema: “Civilización o Barbarie”, autor que tenía una admiración febril hacia Estados Unidos, mientras que menospreciaba a los indígenas de Argentina, por considerarlos refractarios a toda idea de progreso. García Godoy sostenía que, dentro de una época repleta de tanto atraso, “se yergue majestuosa, aureolada con un resplandor de gloria imperecedera, la gran figura de Domingo F. Sarmiento” (García Godoy, 2010, p. 95). Por supuesto, García Godoy no fue una excepción, puesto que, Henríquez Ureña y Hostos pensaban lo mismo del político e intelectual argentino.
Los planteamientos anteriores guardan estrecha vinculación con la concepción jurídica y política del hostosianismo, que veía en los núcleos liberales educados la cantera dentro de la cual provendrían los cuadros intelectuales y políticos que, a merced de su preparación académica y formación política, estaban llamados a presidir los cambios basados en la ciencia, la técnica y el industrialismo moderno.
En lo que toca a García Godoy, tales cambios se realizarían no a través de procesos políticos sociales violentos, sino por medio de una “evolución gradual”, realizada a través de un necesario y amplio plan de reformas. En este sentido, Carlos Rojas Osorio (1997, p. 466) plantea que la adhesión a Spencer lleva a García Godoy a postular una “evolución gradual” de la marcha de las sociedades más que a un proceso revolucionario. No rechaza las doctrinas socialistas completamente, pero prefiera la evolución a la revolución.
Pensaba que a través de medios violentos no era posible extirpar tradiciones y creencias vigentes por siglos en la imaginación popular. “Se impone la evolución lenta o rápida según las peculiaridades del medio en que se actúa” (García Godoy, 2018 p. 272). Con ello García Godoy reaccionaba a los postulados políticos del socialismo marxista, cuya propagación por la República Dominicana era ya una realidad en los albores del siglo XX.
IDEOLOGÍA POLÍTICA Y VOCACIÓN ANTIIMPERIALISTA DE GARCÍA GODOY
García Godoy asumió el liberalismo republicano como la vertiente teórica de mayor eficacia para orientar los esfuerzos de transformación política en las jóvenes naciones latinoamericanas y caribeñas. En este sentido favorecía que una oligarquía ilustrada encabezara la dirección política, propiciando modificaciones graduales, con lo cual se lograría la redención de las clases y sectores sociales marginados, faltos de civilización. En el criterio de Miguel Pimentel se trata (1985, pp. 107-108), de una “Tesis elitista muy propia de los primeros discípulos de Hostos, sin excepción”.
Hostos y sus discípulos manifestaron mucha simpatía por las instituciones políticas estadounidenses, lo que no constituyó una excepción para esa época en Latinoamérica. Pero en el caso de García Godoy, captó desde 1907 hacia dónde conducirían el control de las aduanas dominicanas que se impuso al país a partir de las convenciones de 1905 y 1907. De ahí que el pensador concibiera emprender un plan estratégico orientado desde la literatura para elevar la autoestima dentro del patriótico de la nación dominicana[6]. Así se explica la publicación de sus tres novelas de modalidad histórica a partir de1908. Se trata de Rufinito, a la cual seguiría en 1911 Alma Dominicana, mientras que, en 1914, dos años previos a la ocupación militar estadounidense, publicó su última novela: Guanuma.
Luego de ponderar esta triple contribución bibliográfica de su compueblano, Juan Bosch explica que, si se pone la atención debida a los primeros párrafos con que García Godoy las inicia, se llega a la conclusión que estas obras fueron escritas con un propósito determinado: crear una conciencia nacional que impidiera lo que él veía claramente, esto es, la caída inevitable de la República Dominicana en poder del imperialismo norteamericano. Todas estas novelas tuvieron ese propósito (Bosch citado en García Godoy, 2010, p. 24).
Como amigo y admirador de Eugenio María de Hostos, el autor coincidió con él en su admiración por los Estados Unidos. Empero, tal apreciación no le cegó al momento de someter a examen sereno el tipo de sociedad y los propósitos políticos que representaba Norteamérica, ahora en una nueva escalada de su estrategia política global. Citado por Miguel Pimentel (1985, p. 101), el pensador asegura:
Siempre la
separará de nosotros, impidiendo una completa fusión de ideas y de intereses,
su olímpico orgullo étnico que le hace ver desdeñosamente a estos pueblos
considerándolos como de razas inferiores (…) Contra su cacareada política de
desinterés y fines civilizadores, se alzan vibrantes de indignación las voces
de México y Colombia (…), de Puerto Rico sin personalidad política, de Cuba la
permanente tutela”.
En el prólogo a la edición del 2010 de El derrumbe, Juan Bosch finaliza sus palabras estableciendo una relación entre las condiciones de antiimperialistas que ostentaron Luperón y García Godoy, planteando:
Que si entre
los luchadores, los guerreros, los patriotas de las armas, el primero de los
antimperialistas fue Gregorio Luperón, entre los artistas, los creadores de
belleza, los creadores de vida a través de las letras, el primero y más
consecuente fue Federico García Godoy” (Citado en García Godoy, 2010, p. 35).
En realidad, las dos facetas de la vida del autor que más mención suscitan son su condición de novelista y su rol político de pensador al servicio de la patria dominicana. Había aprendido a amar como el que más a la tierra que le acogió junto a su familia cuando apenas alcanzaba diez años. Ya un joven maduro y egresado del San Luis Gonzaga, observaba los vaivenes de la política criolla. Intuía de manera diáfana lo que se cernía sobre el país al iniciar la centuria. Todo rezumaba inestabilidad, anarquía, ausencia de diálogo entre caudillos que no cesaban de preparar asonadas y golpes militares para acceder al mando. Hacia 1913 optó por presentar su candidatura como diputado. Esto le escribe a Pedro Henríquez Ureña:
Sabrá Ud.
que era candidato de esta provincia para la Asamblea Constituyente. Casi todo
el pueblo postulaba con entusiasmo mi candidatura; pero el gobierno se impuso
aquí ahogando en atropellos y sangre las elecciones. Estamos perdidos. Vamos a
caer inflexiblemente en el ignominioso abismo de la intervención americana por
obra, o vergüenza, de nosotros mismos. Estuve dos días preso junto con otros
distinguidos amigos por protestar contra el infame atropello (García Godoy,
2016, pp. 149-150).
APRECIACIONES
SOBRE EL CAPITALISMO Y EL SOCIALISMO
García Godoy se mantenía al tanto de los cambios registrados en Europa debido a la propagación del socialismo y, contrario a otros intelectuales, no lo rechazó de manera dogmática; aunque tampoco lo acogió de manera entusiasta. Aunque rechaza, citado por miguel Pimentel (1985, p. 96) “la expropiación violenta de la propiedad privada no desestima, en cambio, la justeza y la necesaria transición histórica del capitalismo al socialismo, aunque sea por la vía de la “evolución gradual” de la sociedad (…)”. Piensa que la génesis del socialismo radica en la natural aspiración del que nada tiene a poseer lo que a otros sobra (…), en el resaltante contraste que se advierte (…) entre las agrupaciones jornaleras insuficientemente retribuidas, deprovistas de todo, en perpétuo desamparo, y las clases privilegiadas pletóricas de riquezas y de lujos (Ob. cit., p. 97).
El pensador vegano no cree en la tesis que sostiene que, en un futuro se llegará a una sociedad sin clases sociales. En tal sentido plantea, citado por Miguel Pimentel (Ob. cit., p. 98):
Como por
fuerza natural de las cosas habrá siempre desigualdades sociales de toda
especie, gentes de arriba y gentes del montón, ricos y
miserables, en una palabra, la lucha de clases (…) entre el
proletariado y la minoría adinerada y dueña del poder, no obstante, ciertos
remedios que no son en realidad meros paliativos […].
Hay, pues, en el autor una crítica revisionista de postulados importantes del socialismo científico conforme lo formulaba Carlos Marx.
El investigador y filósofo dominicano Miguel Pimentel, aunque advierte algunas ambigüedades al interior del discurso político social de García Godoy, llega a una importante conclusión acerca de lo que significó el rol intelectual desempeñado por nuestro pensador en la República Dominicana del primer cuarto de siglo XX: “El esfuerzo teórico más brillante y sistemático en el orden de ideas fue realizado por Federico García Godoy. De ahí nace, en cuanto praxis histórica, el nacionalismo político y literario de su sistema de pensamiento” (Pimentel, 1985, p. 115). En términos parecidos evalúa Armando Cordero el impacto positivo que ejercieron los estudios de García Godoy en los ámbitos literario y filosófico, resaltando que:
Con su
nacionalismo literario y su nacionalismo político, de profunda raigambre
psicológica e histórica, y su crítica filosófica, orientada siempre hacia la
duda metódica, señorea Federico García Godoy una posición intelectual que no
sólo ha robustecido su nombre, sino que también da a la Patria poder de
jerarquía intelectual (Cordero, 1978, p. 127).
Ese sitial alcanzado por García Godoy fue puesto de relevancia incluso por el más conocido pensador de Latinoamérica en la primera década del siglo XX. Me refiero a Enrique José Rodó, quien, desde Montevideo, en carta fechada el 15 de abril de 1901, expresa a su amigo dominicano:
La adhesión
de espíritus como el suyo es siempre halagüeña. Mucho agradezco, pues, la
simpatía de su juicio, estimulándolo tanto más cuanto que reconozco en él las
bellas dotes de escritor que a Ud. distinguen y que hacen objeto de verdadero
interés para mí el conocimiento de lo que sale de su pluma; motivo por el cual
le ruego me tenga al corriente, en lo posible, de su actividad literaria,
enviándome algo de lo que en adelante publique (García Godoy, 2016, p. 27).
Este vínculo de evidente connotación empática entre Rodó y García Godoy, no fue algo efímer ni superficial, toda vez que nueve años más tarde sigue concitando el interés del intelectual uruguayo:
“Escríbame; deme noticias de su patria y de la actividad intelectual que mantienen en ella tantos buenos ingenios, entre los que cuento yo excelentes amigos, y reciba el más cordial shake hand de su affmo. José Enrique Rodó” (Ob. Cit., p. 98).
No cabe dudas que nuestro pensador vivió en un ambiente histórico-social y político cargado de grandes conflictos, pero también de profundas aspiraciones utópicas en toda Latinoamérica, empeñada como estaba en desmarcarse política y culturalmente de la hegemonía que venía ejerciendo América del Norte sobre los países del Sur, incluyendo a México.
Pero en el caso de García Godoy, vivía en un país donde esta hegemonía hablaba ya un lenguaje violento y desafiante en términos políticos y económicos. República Dominicana, enclavada en el centro del Mar Caribe, vivía una época de grandes turbulencias. Como muestras están los trece años de la tiranía de Ulises Heureaux, luego sobreviene el periodo de la montonera o conchoprimismo de los primeros lustros del siglo XX y, finalmente, para completar el rosario de hechos deplorables, se padecen los ocho años de la ocupación estadounidense.
De Federico García Godoy puede afirmarse que fue un pensador y educador ceñido a valores de incuestionable honestidad y de servicio desinteresado a la nación dominicana. Aunque consciente de la grave dificultad que conllevaba involucrarse en el trajinar de la vida pública, desempeñó funciones fuera del ámbito educacional o cultural como diputado por La Vega y presidente de su Ayuntamiento. Hecho prisionero en varias ocasiones, previamente a la invasión de los Estados Unidos, perseguido y humillado por su pensar disidente, tanto por gobiernos despóticos locales como por los invasores de 1916, en Federico García Godoy la República Dominicana tiene a un intelectual arquetípico donde las generaciones jóvenes pueden encontrar fuentes inagotables de inspiración para la construcción de una sociedad más libre y democrática.
referencias
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Dussel et al. (2011). El pensamiento filosófico latinoamericano. Del Caribe y -Latino-. 1300-2000. Historia. Corrientes. Temas. Filósofos. México: Siglo veintiuno editores.
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García Godoy, F. (2018). La religión de la humanidad. En Obras casi completas. T. 5 (Antología I). Archivo General de la Nación. Santo Domingo: Búho.
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García Godoy, F. (2009): El Bergsonismo. En Martínez, L. F. (comp.). Filosofía dominicana: pasado y presente. T. I. Archivo Nacional de la Nación Vol. XCIII. Santo Domingo: Alfa & Omega.
Guadarrama, P. (2016). La filosofía del siglo XX en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. En Valdés, M. M. (Comp.). Cien años de filosofía en Hispanoamérica (1910-2010). UNAM, México: Fondo de Cultura Económica.
García Cartagena, M. (2004). Una introducción a la vida, obra y las ideas de Federico García Godoy. Estudio preliminar, Obras Escogidas de Federico García Godoy, T. I, 2004, Santo Domingo, Ediciones Corripio.
Martínez, L. F. (2022). Historia de las ideas filosóficas y de género en la República Dominicana. Texto para estudiantes de filosofía. Archivo General de la Nación vol. CDXLII. Santo Domingo: Corripio.
Pimentel, M. (1985). Marxismo y positivismo. Publicaciones de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Colección Filosofía y Sociedad No. 2. Santo Domingo: Editora Universitaria.
Rojas Osorio, C. (1997). Federico García Godoy. En Filosofía moderna en el Caribe hispano. México: Universidad de Puerto Rico.
[1] “Recuerdo las tertulias de
don Federico en el parque de La Vega, en un banco que daba a la iglesia […]
Recuerdo bien esas tertulias. Mi padre iba algunas veces a ellas y me llevaba,
y aunque yo era muy muchacho […] ponía mi parte de atención en la tertulia,
especialmente cuando hablaba don Federico, que siempre contaba cosas
interesantes y lo hacía con un lenguaje muy moderado y con unas expresiones
dulces, afables” (Bosch citado en García Godoy, 2010, p. 16).
[2] Federico García Godoy
llegó a confesar que en su niñez las dos áreas de saber que le atraían de
manera preferente eran la historia y la filosofía (García Cartagena, 2004, T1,
p.8).
[3] Federico García Godoy,
citado por Miguel Pimentel (1985, p. 112) sostiene que su construcción
filosófica, vista en su aspecto exclusivamente científico, es “una de las más
portentosas que haya fabricado jamás la mente humana”.
[4] Conviene traer a colación
que Comte elaboró un santoral muy parecido al de la religión católica, en el
cual figuraban personalidades relevantes procedentes del mundo científico y
filosófico, entre los cuales ocupaban sitiales de principalía Aristóteles,
Descartes, Galileo, Dante, Cervantes, Copérnico, Newton.
[5] La proyección internacional de Federico García Godoy se desplegó también por el Cono Sur. Al respecto, Carlos Rojas Osorio indica: “A solicitud del filósofo positivista chileno Juan Enrique Lagarrigue, García Godoy escribió un artículo intitulado “La religión de la humanidad” (1997, p. 466).
[6] Pablo
Guadarrama incluye a Federico García Godoy entre los intelectuales de inicio de
siglo XX que manifestaron preocupación por la posible absorción por parte de la
cultura norteamericana incluso de su lengua castellana. De García Godoy cita
las siguientes ideas extraída de su libro El derrumbe, donde expresa que
en República Dominicana “una civilización más potente, absorbente y agresiva
arrollará cuanto hay en nosotros del alto idealismo característico de la
cultura latina” (Guadarrama, 2013, T. III, p. 218). Llama la atención cómo
estaba repercutiendo en Santo Domingo el influjo del arielismo de Rodó. Por
supuesto, pocos países estaban expuestos como República Dominicana a caer en
las garras del incipiente imperio.