La filosofía educativa de Hostos y sus críticos en la República Dominicana
The educational philosophy
of Hostos and its critics in the Dominican Republic
Morla, Rafael
Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana
Recibido: 2025/10/16
- Publicado: 2025/11/09
CÓMO CITAR:
Morla, R. (2025). La filosofía educativa de Hostos y sus
críticos en la República Dominicana. La Barca de Teseo, 3(1), pp.
1-10. https://labarcadeteseo.org/index.php/revista/article/view/124
RESUMEN
En este trabajo se examina el legado intelectual y pedagógico de Eugenio María de Hostos, figura decisiva en la historia educativa y filosófica del Caribe. Su tránsito del krausismo al positivismo, y finalmente a una síntesis ilustrada propia, revela un pensamiento que buscó unir razón, ciencia y ética en la formación del ciudadano libre. Desde su llegada a Santo Domingo en 1875 y la fundación de la Escuela Normal en 1880, Hostos promovió un modelo educativo emancipador basado en la autonomía de la razón, la crítica social y la igualdad ante la ley. Su magisterio enfrentó con firmeza las estructuras del poder político y eclesiástico, que veían en su escuela laica y racionalista una amenaza al orden tradicional. A pesar de la resistencia de la Iglesia y del autoritarismo trujillista, su proyecto humanista sobrevivió como semilla de una pedagogía liberadora y de una ética de la ciudadanía. En este texto se reinterpreta a Hostos como un ilustrado antillano que convirtió la crítica en método de emancipación y la educación en fundamento de la dignidad humana.
PALABRAS CLAVE
Antillanismo, modernidad, libertad, filosofía de la educación, emancipación moral
ABSTRACT
This study examines the intellectual and
pedagogical legacy of Eugenio María de Hostos, a decisive figure in the
educational and philosophical history of the Caribbean. His transition from
Krausism to Positivism, and ultimately to an original Enlightened synthesis,
reveals a thought committed to uniting reason, science, and ethics in the
formation of the free citizen. From his arrival in Santo Domingo in 1875 and
the founding of the Escuela Normal in 1880, Hostos promoted an emancipatory
educational model grounded in the autonomy of reason, social critique, and
equality before the law. His teaching firmly confronted the political and
ecclesiastical powers that regarded his secular and rationalist school as a
threat to the traditional order. Despite resistance from the Church and the
authoritarianism of the Trujillo regime, his humanist project endured as the
seed of a liberating pedagogy and an ethics of citizenship. This essay
reinterprets Hostos as an Antillean Enlightenment thinker who transformed critique
into a method of emancipation and education into the foundation of human
dignity.
KEYWORDS
Antilleanism, modernity, freedom, philosophy of
education, moral emancipation
introducción
Eugenio
María de Hostos nació en Puerto Rico el 11 de enero de 1839, y murió en Santo
Domingo en agosto de 1903, aquí descansan sus restos, en espera de que su
patria de origen se libere del imperialismo, y puedan descansar en la morada final. Educador, y por
tanto, forjador de hombres y mujeres, al servicio de un gran ideal de patria,
antillanismo y americanismo. Fue la impronta del espíritu de Simón Bolívar, que
de tanto crear patrias, se le ocurrió un día ensayar si no era mejor, que todos
nos uniéramos en una sola, y así surgió la Gran Colombia, que desde entonces
quedó instalada como un referente
de las naciones hispanoamericanas, que
luchaban por su independencia económica, política, social y cultural.
En
mi libro Modernidad e ilustración en Hispanoamérica, escribí que Hostos es un
hombre que estaba a nivel de la cultura
de su tiempo histórico. Un humanista que con sentido electivista asume
creativamente la herencia cultural de la humanidad y le imprime su propio
espíritu. Fue al principio krausista, luego positivista, y al final de su vida
intelectual, no era ni una cosa ni la otra, porque era mucho más, era Eugenio
María de Hostos. Y es precisamente en la búsqueda de su ser intelectual, que
deja ver, que queda al desnudo su condición de ilustrado. Su visión de la
ciencia le viene del positivismo; su vocación y su permanente apetito de
integridad constituyen una herencia del krausismo, mientras que su crítica a la
escolástica, su desprecio al despotismo, su lucha por la libertad, su
racioempirismo, son productos de la ilustración” (Morla, 2010, p.196).
Generalmente
a Hostos se conoce como positivista, rara vez como krausista y nunca como
ilustrado, pero en verdad, él era las tres cosas. Siempre busco lo mejor de
cada propuesta, para construir la suya propia, y alumbrar el camino de la lucha
en contra del colonialismo, la ignorancia, la intolerancia, la desigualdad, la
esclavitud, en fin de todas las formas de alienación y empobrecimiento social y
moral del ser humano. Mantuvo una actitud crítica frente a las corrientes
pedagógicas, científicas, filosóficas y artísticas. Ningún proceso social; la
revolución francesa, el colonialismo, el sistema esclavista; ningún pensador;
Comte, Spencer, escapó al fuego de la artillería de Eugenio María de Hostos. La
crítica, tanto como uso público de la razón, y como método para mostrar y
evidenciar los males sociales, y reponer las injusticias, es una herencia de la
ilustración en el pensador antillano.
Llegada de Hostos y los primeros graduandos
Hostos
llega a Santo Domingo en 1875, pero la Escuela Normal, la obra esencial de sus
vida, arranca en 1880. Con unos cuantos colaboradores, y no menos detractores y
opositores, dio manos a la obra, y el 28 de septiembre de 1884, con su
orientación y absoluto cuidado, se graduaron los primeros maestros, (seis en
total) cuyos nombres recoge la historia patria, son ellos: Francisco José
Peynado, Félix Evaristo Mejía, Arturo Grullón, Lucas T. Gibbes, José María
Alejandro Pichardo y Agustín Fernández.
Ese
día, con motivo del acto de investidura, Hostos, pronunció el más importante
discurso académico, moral y patriótico, que se haya pronunciado en la historia
de la República Dominicana, dicho discurso, se levanta sobre la base de una
visión de la sociedad y del dominicano de
entonces. Cada pregunta planteada por el filósofo y educador es un
destello de luz: ¿Cuál es la realidad social dominicana? ¿Qué herencia tenemos?
¿Con qué contamos? ¿Hacia dónde vamos?
Estas
preguntas radicales, que van a la raíz del problema, generan angustia y
preocupación, en cualquier época y circunstancia en que se planteen, ayer, como
hoy, y probablemente, mañana. Pero quien
se hace estas preguntas en serio, y Hostos lo era como nadie, está en condiciones de dar un paso hacia adelante,
y plantearse estas otras: ¿Qué hacer?
¿Cómo superar los males sociales? ¿Cómo encaminar la agenda de la
transformación y los cambios que estaban pendientes bajo los cielos de la
república? Su respuesta fue clara: el camino es el de la educación. El pueblo
dominicano (agárrense), son palabras de Hostos, “no puede desarrollarse, y por tanto, no puede mejorar las condiciones
de su vida, ni realizar el fin de su existencia, sino gracias y mediante s
continua y progresiva educación” (De Hostos, 1979, p. 146).
El contenido liberador del magisterio de Hostos
A
la luz del Discurso de graduación mencionado, y dirigiéndose a los primeros
graduandos, salidos de su mente y manos, las tareas que le asigna el maestro
son las siguientes: luchar contra los males que están vivos al nivel de la
cultura espiritual de la sociedad, y que en el momento en que asume el enérgico papel de sujeto actuante,
visualiza como una triste, pesada y farragosa herencia de la colonia. Vistas
así las cosas, Hostos, se proyecta ante nuestros tiempos como un emancipador
espiritual del pueblo dominicano. Para superar la ignorancia propone recorrer
el camino de la educación; para superar el error buscar la verdad; para superar
el subdesarrollo y la dependencia, el progreso y la modernización de la vida
material y social; para superar el despotismo, la democracia; para vencer la
esclavitud, la libertad; para vencer la intolerancia religiosa, la libertad de
cultos; para que haya moralidad social, el cultivo de las virtudes morales; y
para superar las injusticias, la igualdad de todos ante la ley.
El
choque vino porque el programa educativo de Hostos buscaba formar hombres y
mujeres libres, emancipados espiritual y socialmente; porque defendía la
libertad de pensamiento y de cultos, y porque se condenaba toda forma de
barbarie, tiranía y opresión social y política, y todo esto terminó por
desagradar a los poderes fácticos del momento, la Iglesia y el tirano Lilís, a
los que la Escuela hostosiana enfrentó valientemente.
A
partir del magisterio de Hostos aparece en la sociedad dominicana un nuevo tipo
de intelectual, liberal, republicano, democrático, positivista ilustrado, y
organicista. Entre ellos se destacan Américo Lugo, Moscoso Puello, José Ramón López,
y Federico García Godoy. La filosofía dominante, antes de Hostos, era la
escolástica, por supuesto, no se trata de una escolástica clásica, sino de una
forma de entender el mundo y la realidad, que se deriva de esta cosmovisión
medieval, y que se va construyendo de experiencias y prejuicios coloniales. Por
ejemplo, el racismo, o en su expresión más debilitada, el prejuicio, es un
componente importante del colonialismo ideológico, pues, indios y negro, en la
escala social, eran considerados inferiores al colono. Cónsonos con la
ideología escolástica y el espíritu colonial fueron Emiliano Tejera, Fernando
Arturo de Meriño y Manuel de Jesús Galván, que dicho sea de paso, no
compartieron el ideal educativo de Hostos.
Hostos y sus críticos
Los
poderes fácticos de la sociedad dominicana, en la medida en que el trabajo de Hostos se afianzaba, comenzaron a
combatirlo cada vez más, y la primera graduación de 1884, era la expresión
clara de que la cosas iban en serio, porque el insigne puertorriqueño y
dominicano de corazón, siempre estableció una relación carnal entre pensamiento
y escritura, entre idea y acción, entre vida y obra. Es evidente, que no lo
soportaban, porque quería forjar espíritus libres, instalar la autonomía de la
razón, la crítica social, en fin, proporcionar herramientas intelectuales y
cognitivas, que hicieran posible un diagnóstico del pasado dominicano, así como
del presente, todo ello, como parte de una estrategia dirigida a sembrar en el
alma nacional, y en cada educando, que los problema de la Nación, no son eternos, tienen su propia
historia, su presente, y que pueden ser estudiados, diagnosticados comprendidos, y al mismo tiempo, superados, conforme a un plan diseñado por
hombres y mujeres de pensamiento y acción.
En
1888, se publica su Moral social, y en el prólogo a la primera edición, firmado
por el autor, se recoge el ambiente tenso existente en la sociedad en torno a
la impronta educativa de la Escuela Normal. Hostos lo relata de la manera
siguiente:
“Un
día se levantaron mis discípulos. Vinieron a mí y me dijeron:
-Maestro,
urge publicar la Moral.
-Y
¿por qué urge?
-Porque
los enemigos de nuestras doctrinas van por todas partes predicando que son
doctrinas inmorales.
-Mal
predica, quien mal vive, y mal vive,
quien mal piensa y quien mal dice.
-Si,
pero no es tiempo de responder con comparaciones, sino con pruebas.
-Bien
predica, quien bien vive.
-Pero
no se trata de pruebas de conciencia, que siempre son ineficaces contra los
malignos (dicen los alumnos).
-Entonces
se trata de pruebas de apariencia, que siempre son eficaces para los benignos
(dice Hostos).
-No.
Se trata de pruebas contundentes (alumnos).
-Pues
eso es inmoral: la moral no contunde.
-Pero
hunde y debe hundir a los que calumnian las buenas intenciones .
- Y
Hostos contesta: “De ellas está empedrado el infierno, así como de malas
intenciones está pavimentado el mundo de los hombres…
Pues
entonces no hay que publicar la moral en libros, sino en obras…
-Bien
se ve que no basta, cuando nos calumnian…
-Son
las calumnias de la propaganda en sentido contrario.
Dejémoslo
pasar, que eso no daña, pues el mérito del bien está en ser hecho, aunque no
sea comprendido, ni estimulado, ni agradecido, y vivamos la moral, que es lo
que hace falta.
-Bien
está- afirmaron con desidiosa afirmación, los discípulos -Bien está, pero
cuando se pida a las doctrinas calumniadas las pruebas de su moralidad…
-Y
ustedes, ¿qué son, si no son prueba viva de ella? ¿Acaso no lo son? Porque si
no lo son, a pesar de los esfuerzos que se han hecho, una de dos: o ustedes no
han acogido sino por su parte externa las doctrinas, y en ese caso es inútil
difundirlas, o la sociedad en que viven es por sí misma un obstáculo.
-En
ambos casos es preciso publicarla: en el primero para que pasemos de afuera
adentro de las doctrinas; en el segundo, para que disminuyan los obstáculos.
-¿Disminuir?
Quizás aumenten. A la verdad, como las doctrina más sinceras son las que
resultan más radicales, tal vez escandalicen las sencillas que yo les he
dictado. Mejor, ya que tanto empeño tienen los amigos de las buenas
intenciones, que solo se publique
aquella parte de la Moral que se refiere a los deberes de la vida social.
-Pues
bien, déjenos publicarla.
-Del
país, y de ustedes es. Tómenla y publíquenla. (De Hostos, 2003, p. 7-8)
Mientras
Hostos realiza su labor no existía en Santo Domingo una educación que pudiera
calificarse de moderna, y prácticamente ningún pensamiento alternativo a la
tradición escolástica. Según el decir de Pedro Troncoso Sánchez “...No existía un sistema de enseñanza
conscientemente establecido, sino una rutina de las influencias derivadas del
siglo XVIII. Naturalmente, en estas condiciones la presencia del ilustre
pensador americano en el país a la altura de 1888 tuvo que producir una
conmoción enorme” (Troncoso, 1956, p. 69).
El
balance de Hostos, en torno a la realidad social dominicana, a la altura de los
años 1875-1900, es lúcido y concluyente: “a excepción de unos cuantos
dominicanos, que habían recibido el bien de la educación, y que eran portadores
de una cultura intelectual superior a la media social, y una cultura moral muy
superior a la de su tiempo; considera que la sociedad dominicana no ha superado
las condiciones sociales y culturales de la colonia” (Morla, 2011, p. 140-141).
Luego de este diagnóstico realista, fruto de la observación viva y concreta,
realizada por Hostos, en sus constantes viajes por las regiones, provincias y
parajes del país, se planteó la más radical de todas las preguntas, a saber :
¿cómo superar los males sociales? Respuesta: “el pueblo dominicano no puede
desarrollarse y, por tanto, no puede mejorar las condiciones de su vida, ni
realizar el fin de su existencia, sino gracias y mediante su continua y
progresiva educación” (De Hostos, 1979 p. 186).
Alejandro
Angulo Guridi (1823-1906), intelectual de relieve del siglo XIX dominicano,
está entre los hombres que se destacan por su entereza y por las luces del
entendimiento, tiene entre sus méritos, el haber defendido públicamente y sin
rodeos, el ideal educativo de Hostos. En este sentido, tras la muerte del
maestro en 1903, en medio de la calumnia de sus detractores, que trataban de
manchar su legado y memoria, escribió un ensayo titulado, La escuela sin Dios,
defendiendo el libre pensamiento, al escuela laica, y por supuesto el proyecto
educativo de Hostos. En la línea del
jefe de la Escuela Normal, proclamó a los cuatro vientos el principio de la
“educación para todos”, un reclamo social del proyecto ilustrado, de cuya
“implementación esperaba una sociedad dominicana, tolerante, fraterna, en paz y
unión” (Angulo, 2006 p. 32).
Las
ideas de Hostos y su proyecto educativo encontraron espacio y acogida en
sectores liberales de la sociedad; también, oposición de fuerzas retardatarias
que se opusieron al tipo de educación, basada en el libro pensamiento, la razón
y la autonomía del sujeto, que el maestro de América se había propuesto
instaurar en suelo dominicano. Dice don Pedro Henríquez Ureña que la “Escuela normal de Hostos (1880-1888),
encontró oposición en los representantes de la antigua cultura…el enemigo real estaba donde está siempre, en contra de
la plena cultura, que lo es de “razón” y de “conciencia”, tanto de conciencia
como de razón: estaba en los hombres ávidos de poder político y social,
recelosos de la dignidad humana. El déspota local decía que los discípulos de
Hostos llevaban la frente demasiado en alto” (Henríquez, 2003, p. 53).
Por
otro lado, el padre Fernando Arturo de Meriño, jefe de la Iglesia Católica, por
aquellos días en que Hostos puso a andar su proyecto de Escuela normal,
encabezó la lucha en contra del movimiento de regeneración y de reforma
educativa, y desde el púlpito dijo “...la
lucha ha sido permanente, los errores traen todos data de siglos, los sofistas
se suceden con sus mismas sofisterías y el ateísmo conserva su misma ponzoña,
solo que este se mostraba antes envuelto en sombras, sin descubrir enteramente
sus perfiles monstruosos, y tienen la gallardía de desafiar la luz al amparo de
la impunidad; y sofistas y ateos se llaman siempre regeneradores, reformadores
y servidores de la verdad, que ellos solamente poseen, apóstoles de la
libertad, defensores de los derechos, sacerdotes de la razón, amantes de la
justicia y cuanto más y mejor le viene a cuentas según las circunstancias” (Meriño, 2007, p. 44).
La
resistencia a las nuevas ideas no fue fácil, relata Bayoán Lautaro de Hostos,
hijo del apóstol, que “la Iglesia por
medio del clero desacreditaba ante sus feligreses a la Normal como “la escuela
sin Dios”, los secuaces de Lilís Propagaban que era el recinto que fraguaba
planes sediciosos al régimen constituido y aconsejábanle que enfrentara las
ínfulas del director de aquel centro educativo…” (De Hostos, 1929, p. 31).
Pero esto no se quedó aquí, el mismo Lautaro, cuenta también que en medio de
los exámenes, Lilís, presidente de la República, y Meriño, jefe de la Iglesia
de entonces, se pusieron de acuerdo, para que este último, junto a varios
sacerdotes, se presentara en el aula, evidentemente con fines provocativos,
pero la actitud serena de Hostos, hizo que todo transcurriera sin mayores
consecuencias.
La
Iglesia y el Gobierno nunca dejaron de
fustigar a la Escuela Normal, y su proyecto liberador, crítico y
revolucionario, y se opusieron, porque no está en el horizonte de los poderes
fácticos de la sociedad el desarrollo del pensamiento crítico, la forja de
ciudadanos libres y moralmente valiosos, que planten cara a las injusticias y
luchen por una sociedad mejor. Por eso se burlaban y despreciaban el trabajo de
Hostos. El 11 de febrero de 1893, en la carta pastoral de ese día, Merino
descargó toda su ira, su oscurantismo, su escolasticismo y su espíritu de
inquisidor, dirigido a destruir el programa liberador y emancipatorio, de la
primera escuela de hombres y mujeres libres que se creó en el país. Allí dijo
que “...las principales causas de los
graves males que, con asombrosa pujanza van causando la ruina espiritual de
muchos en esta adolorida sociedad, cuáles son las pésimas doctrinas nutridas de
impiedad que se propagan, y el abandono en que viven los fieles sin cuidarse de
sus deberes cristianos, sujetos la mayor parte al yugo oprobioso de la
concupiscencia, por la relajación de las costumbres…” (Meriño, 1893, p.
488).
La
labor transformadora de Hostos constituyó un hito en la historia de la
formación, la cultura y la educación del pueblo dominicano. La influencia
posterior de sus discípulos en la vida nacional habla del éxito de la empresa
hostosiana. Esta escuela trajo luz donde había tinieblas; método y sistema
donde reinaba el caos y el desorden; razón, donde solo había instinto y pasión;
principios éticos, donde primaba una moral espontánea y sin sentido; transformó
moradores en ciudadanos conscientes; llevó espíritu crítico, donde solo existía
la apología del poder y la aceptación reverente y conformista de los propios
males sociales. Se puede decir de Hostos, lo que dijo José Martí, de José de la
Luz y Caballero: “supo cuánto se sabía en
su época; pero no para enseñar que lo sabía, sino para transmitirlo. Sembró
hombres” (Martí, 1975, p. 249).
El trujillismo y el proyecto hostosiano
La
muerte física de Hostos se produjo en 1903, pero, para despecho de sus
detractores, su ideal educativo, no corrió la misma suerte, se mantuvo vivo, y
la prueba más evidente de ello, es que en 1956, a 53 años de la ausencia del
maestro, en plena tiranía de Trujillo,
el intelectual insignia del régimen, Manuel Arturo Peña Batlle, organizó
una encuesta en el periódico El Caribe, con el título, La influencia de Hostos
en la sociedad dominicana, 46 de los más prominentes intelectuales de la época,
respondieron preguntas, y reflexionaron
en torno a los tópicos siguientes: 1. La influencia de Hostos en la vida
dominicana, 2. Significación de su laicismo
en la trayectoria social del pueblo dominicano, 3. ¿Se inspira la Escuela
nacional, según afirma Manuel Arturo Peña Batlle, en las ideas y sistemas del
pensador antillano?
Pese
a que se vivía en un ambiente desfavorable para el libre pensamiento y para
toda expresión de laicismo, no se produjo el consenso esperado, aunque,
ciertamente, la mayoría de los participantes en
la encuesta, respondieron diciendo que la obra regeneradora y educativa
de Hostos, a la altura de 1956, ya no
tenía vigencia bajo los cielos de la República Dominicana. ¿Qué era lo que se quería, 53 años, luego de la muerte de Hostos? Destruir la obra hostosiana en su
simiente, para que no germinara y fructificara en el seno de la sociedad
dominicana. Fue una venganza post mortem, una especie de ajuste de cuenta, de
la Iglesia católica del momento y del Estado
trujillista, contra el insigne
maestro y su escuela, que resistió y venció al Estado lilisista y la Iglesia de
Meriño, en las últimas tres décadas del siglo XIX.
Lo
que no toleraba la rancia ideología colonial y trujillista era el espíritu
crítico, libre, autónomo y regenerador, que comporta y le da vida al
pensamiento de Hostos, por eso en 1954, dos años antes de la encuesta aludida,
se firmó un Concordato entre el Estado dominicano y la Santa Sede, que en su
Art. XXI, contiene tres acápites, dirigidos a destruir la sustancia, el néctar,
la vida misma, hecha espíritu, de la obra hostosiana. Cuando lanzamos la mirada
acuciosa e indagadora al seno de la historia dominicana, nos encontramos con el
hecho tangible, que cada vez, que un emancipador espiritual (Hostos, Bono,
Bosch, etc.), emprendió el camino para llevar comprensión, educación,
organización y criticidad a la sociedad, los poderes fácticos, se lanzaron sobre
él, descalificando y apartándolo del camino elegido, antes de que su obra
llegara a feliz término. Por eso estamos como estamos: empantanados en el
presente, sin una visión crítica del pasado, y con una mirada pesimista del
porvenir.
Conclusiones
El
programa educativo de Hostos, de eminente contenido emancipatorio y liberador,
tenía como objetivo promover un cambio de mentalidad de la sociedad dominicana,
a fin de abrir las puertas del desarrollo de la modernidad, que el espíritu de
Hostos, está acompañado por la implementación de un ideal de ciencia, de
sociedad, de civilización y de progreso. Hostos, estaba convencido, que sin
educación, sin libre pensamiento, sin disciplina de estudio y de trabajo, sin
educar el carácter de los hombres y de las mujeres, que también incluyó en su
ideal educativo, no había posibilidad de remontar y superar el atraso de siglos, que como una
herencia farragosa de la colonia, impedía el progreso de la sociedad dominicana
Los
críticos y adversarios de la Escuela Normal, captaron el sentido transformador
y regenerador del proyecto hostosiano, por ello lo combatieron sin descanso, e
hicieron todo lo posible para que Hostos desistiera y se marchara del país. Pero el apóstol se mantuvo firme, y no
pudieron derrotarlo, de ahí, que en la era de Trujillo, ya muerto el maestro,
los salomones del régimen, encabezados Manuel Arturo Peña Batlle, le dieron
continuidad, ahora con más sutileza y
recursos de todo tipo, a la labor destructora
iniciada por el lilisismo, y su aliada la Iglesia católica, del único esfuerzo
serio de emancipación espiritual, que ha existido en la República dominicana.
referencias
Angulo Guridi, A. (2006). Obras escogidas: Ensayos (Vol. XXIII, A. Blanco Díaz, Ed.). Archivo General de la Nación.
De Hostos, B. L. (1929). Eugenio María de Hostos íntimo. Editorial Montalvo.
De Hostos, E. M. (1979). Páginas dominicanas. Selección de E. Rodríguez Demorizi. Ediciones Taller.
De Hostos, E. M. (2003). Moral social. Editora Universitaria, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Henríquez Ureña, P. (2003). Obras completas: Tomo V. Escritos políticos, sociológicos y filosóficos. Secretaría de Estado de Cultura, Editora Nacional.
Martí, J. (1975). Cartas inéditas de José de la Luz y Caballero. En Obras completas (Tomo V). Editorial de Ciencias Sociales.
Meriño, F. A. (1893). Carta pastoral para la Cuaresma del año 1893. En R. González (Ed.).
Meriño, F. A. (2007). Carta pastoral sobre la enseñanza cristiana (Tomo II). Publicaciones de la Academia Dominicana de la Historia y del Archivo General de la Nación.
Morla, R. (2010). Modernidad e Ilustración en Hispanoamérica: Una reflexión crítica en torno al ser antiamericano. Ediciones Búho.
Morla, R. (2011). Modernidad e Ilustración en Santo Domingo (Vol. CXXXIV). Archivo General de la Nación.
Troncoso Sánchez, P. (1956). La influencia de Hostos en la cultura dominicana: Respuesta a la encuesta del Caribe. Editora del Caribe.